A veces pensamos que celebrar significa que ha pasado algo extraordinario.
Un ascenso. Un premio. Un gran viaje. Una noticia importante.
Y sí, todo eso merece celebrarse.
Pero cada vez tengo más claro que hay muchas otras cosas que también deberían contar como éxito.

Ver a tus hijos avanzar, encontrar su camino, sacar adelante su vida.
Ver crecer a tus nietos y descubrir, casi sin darte cuenta, todo lo que van aprendiendo, cómo cambian, cómo empiezan a tener su propia personalidad.
Seguir encontrando complicidad en la pareja después de los años. Reírte por una tontería que solo entendéis vosotros. Hacer planes. Seguir eligiéndoos en las pequeñas cosas.



Tener amigos con los que puedes pasar una tarde hablando de todo y de nada. Personas con las que no hace falta explicar demasiado.
También es éxito eso.
Y quizá precisamente porque forma parte de la vida cotidiana no siempre lo vemos, estamos muy acostumbrados a mirar hacia delante. A pensar en lo siguiente que queremos conseguir, en lo que todavía falta, en lo que podríamos mejorar.
Pero pocas veces nos paramos a mirar lo que ya tenemos.


Y no hablo de conformarse, se puede querer más, tener proyectos, hacer planes y seguir avanzando.
Pero eso no debería impedirnos reconocer lo que ya está bien, porque también hay que saber celebrar una etapa tranquila.
Una comida con toda la familia.
Un viaje en pareja.
Una conversación con un hijo.
Un abrazo de un nieto.
Una sobremesa con amigos que se alarga sin mirar el reloj.
No hace falta brindar con champán, aunque tampoco está de más.
Celebrar puede ser simplemente ser consciente de que ese momento importa, de que aquello que ahora parece normal quizá un día lo recordaremos como una de las mejores épocas de nuestra vida.
Y creo que ahí está la cuestión, a veces esperamos tanto a que ocurra algo extraordinario que se nos olvida celebrar lo extraordinario que puede haber en una vida aparentemente normal.
No todo éxito se mide en dinero, trabajo o reconocimiento.
Algunos se miden en tranquilidad.
En personas.

En tiempo compartido.
En sentir que estás exactamente donde quieres estar.
Y eso también merece una celebración.

2 respuestas a “También hay que celebrar lo bueno”
Disfrutar el momento, porque la felicidad no es un estado de ánimo, son momentos en que todo está donde y como debe estar.
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Totalmente de acuerdo¡!
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