¿Han muerto los blogs?

No lo creo.

Es verdad que ya no ocupan el lugar que tenían hace años. Ahora todo parece pasar por Instagram, TikTok, vídeos cortos y contenidos que duran segundos.

Pero una cosa es que algo deje de estar de moda y otra muy distinta que haya muerto.

Yo sigo leyendo blogs.

No muchos, porque también es cierto que quedan menos. Pero precisamente por eso valoro más los que siguen vivos, los que todavía tienen una voz propia y los que se nota que están escritos porque a alguien realmente le apetece contar algo.

Quizá muchos blogs desaparecieron simplemente porque sus autores dejaron de escribirlos.

Y es bastante lógico.

Un blog necesita tiempo, constancia y ganas. No basta con abrirlo, publicar tres cosas y esperar que funcione solo. Es un poco como una planta: si dejas de regarla, acaba secándose.

Pero eso no significa que las plantas hayan pasado de moda.

Creo que con los blogs pasa algo parecido.

Durante años fueron casi el centro de Internet. Luego llegaron las redes sociales y todo empezó a ir más rápido. Más corto. Más inmediato.

Y eso tiene muchas cosas buenas, pero también hay cosas que no caben en treinta segundos.

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