Este fin de semana ha sido de esos que, sin hacer nada especialmente extraordinario, te dejan muy buen sabor de boca.
La Castañada ha sido la excusa.

El sábado, con la familia, mesa larga, conversaciones que se mezclan, unos hablando de una cosa y otros de otra, niños entrando y saliendo, comida, sobremesa… lo normal cuando nos juntamos todos.
Ver a mis hijos, nietos, escuchar sus historias, ver cómo van cambiando, cómo cada uno está en su momento. Hay cosas que mientras pasan parecen normales, pero luego son las que acabas recordando.
Y precisamente eso es lo que me gusta; cada vez valoro más estos momentos en los que no hace falta preparar nada espectacular para pasarlo bien. Estar juntos ya es suficiente.
El domingo cambió el escenario, pero no demasiado el espíritu, esta vez, con amigos. Otra mesa, otras conversaciones, otras bromas. Con los amigos hay algo distinto. Esa comodidad de poder hablar de cualquier cosa, reírte de tonterías, de repente, darte cuenta de que han pasado unas cuantas horas sin mirar el reloj.
Por supuesto hubo castañas, panellets y bastante comida, como suele pasar.
Pero al final no creo que recuerde exactamente qué comimos, recordaré más bien quién estaba sentado alrededor de la mesa.

Creo que esa es la parte que más me gusta de algunas tradiciones, no tanto hacerlas porque “tocan”, sino porque nos dan una excusa para parar y juntarnos.
Y quizá por eso sigo disfrutando de la Castañada.
Porque no necesito que sea perfecta.
Me basta con familia, amigos, una mesa llena y tiempo para estar juntos.
Y este año, de eso, ha habido bastante.

2 respuestas a “Una Castañada entre familia y amigos”
Un poco por aquí, un algo por allá…familia, comida , amigos..No cal més.
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No cal més…
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